Por Blanca Estela Escobar López
Mi primera confrontación con la docencia fue en Enero del 2001, cuando comencé a dar clases en el CBTIS. En ese entonces yo tenía 23 años y mucha inexperiencia como docente. Lo único que sabía acerca de dar clases era la manera en como mis maestros me habían enseñado a mí, de la manera tradicionalista. Acepte cubrir el interinato debido a que en ese tiempo se me presento una necesidad económica y no podía encontrar trabajo como Ingeniero en Sistemas Computacionales en ninguna maquiladora. La verdad jamás me imagine estar frente a un grupo de alumnos, pues mi vocación de ser maestro no me pasaba por la mente, empecé a experimentar quizá como muchos que no somos docentes de carrera, pero sin embargo nos hemos seguido preparando.
Después al paso del tiempo fui descubriendo el amor por la docencia, pues es una labor muy sacrificada y que ahora no es valorada por la sociedad como en los años 80, 90, donde el maestro era respetado como tal, claro son nuevas generaciones y nuevos intereses tanto del ser humano como de la sociedad en general, por lo tanto nos debemos de seguir preparando acorde a las épocas y evitar estar desfasados.
Mi vivencia de la docencia es eminentemente vocacional, amo mi trabajo y la identificación con los alumnos, cada uno en su propio nivel. Encuentro maravilloso que lo que hacemos en el aula pueda ser capaz de transformar la conducta, las acciones y las perspectivas de un adolescente. Me gusta formar alumnos seguros, confiados en sus propios recursos, hacer que se sientan útiles en el grupo social del que forman parte.
Disfruto realizar las actividades con los alumnos en el interior del aula, planearlas y darme cuenta de que funcionan cuando las aplico, es un poco desesperante cuando esto no ocurre así, pero casi siempre encontramos recursos para salir adelante. Es increíble ver cómo, a pesar de la talla que tienen los jóvenes todavía conservan muchas actitudes infantiles.Una de las cosas que me ponen triste es que algunos muchachos no se comprometan, sobre todo cuando cuentan con todas las aptitudes, recursos y posibilidades; pero mucho más aún me duele que abandonen la escuela por cuestiones económicas o familiares. Soy de la idea de que siempre se puede hacer algo a nivel institucional, pero la dificultad está en poder identificar las problemáticas a tiempo.
Las generaciones actuales tienen muchas distracciones que hacen que no se concentren adecuadamente y que pierdan el rumbo con facilidad, es por ello que la tarea del docente debe ser reforzada, necesitamos más herramientas para poder “hablar en su idioma” para poder servirles adecuadamente. En lugar de pelearnos con la tecnología que nos los “roba” debemos aprender a hacer uso de ella para volverlos a capturar. Hacerles leer aunque sea vía multimedia ese es un gran reto.
SALUDOS!
Blanca Escobar.
